Úrsula Perona

Me llamo Úrsula Perona. Algunos de vosotros ya me conocéis un poco porque me seguís en redes sociales desde hace tiempo. Otros será la primera vez que sepáis de mi.

Presentarse no es una tarea fácil. ¿Qué puede decir uno de sí mismo? En este caso, supongo que la idea es que me conozcáis un poco profesionalmente. Que sepáis algo más sobre mi faceta como psicóloga. Por qué estudié psicología, por qué me especialicé en infanto-juvenil, qué es lo que más me gusta de mi trabajo… Son algunas de las preguntas que a lo largo de los años me han hecho mis pacientes, y trataré de responderos.

Estudié psicología supongo que como parte de mi vocación de ayuda al otro. Soy una persona sensible y empática, y no puedo evitar conmoverme cuando alguien sufre o lo pasa mal, y mi movimiento natural es tratar de ayudarlo. Y el otro motivo es porque he tenido una vida complicada, con bastantes problemas y situaciones difíciles, y he vivido la enfermedad mental desde cerca.

Desde bien joven la mente y el alma humana me han parecido terriblemente complicadas y difíciles de entender. Desentrañar qué esconde una persona en su interior, qué puede animarle a comportarse de determinada manera, a sentir lo que siente, por ejemplo, me han motivado a estudiar la psique humana.

Estudiar psicología fue muy placentero, pero también me llenó de dudas y más dudas. La mente humana es un territorio vasto y aun en gran parte por descubrir, y el batiburrillo de corrientes y líneas de pensamiento dentro de la psicología lo hacen a veces más confuso aun. Sin embargo, uno va buscando su camino, y a base de formación y experiencia, encuentra su lugar dentro de la psicología.

Y …¿por qué psicología infantil? Pues obviamente porque me gustan mucho los niños. Me gusta su inocencia, su espontaneidad, su ternura…y lo frágiles y necesitados de apoyo, camino y guía que están. Me gusta mucho estar con niños, hablar, que me cuenten sus cosas, jugar con ellos… me interesan sus pequeños mundos, sus emociones y su manera tan genuina y pura de pensar. Y me encanta lo divertidos que son.

Supongo que otro de los motivos por los que me especialicé en psicología infantil, fue la infancia tan difícil que tuve, y lo duros que fueron aquellos años. De alguna manera me orienté sin darme cuenta en esa dirección porque me resultaba muy fácil conectar con los problemas de los niños. Y por supuesto, porque los niños son el futuro. Y un niño que sufre, se convierte en un adulto roto. Si puedo, de alguna manera, contribuir a que eso no suceda, me doy por satisfecha.

Con los años empecé a necesitar trabajar también con adultos. Me despertaba curiosidad y me apetecía ampliar mi rango de especialización. Es un enfoque completamente distinto que requiere una formación diferente, pero que me ha resultado igualmente satisfactorio. Es un privilegio y a la vez una gran responsabilidad sentir que una persona deposita aspectos íntimos y vulnerables de su vida en ti. Yo no tengo todas las respuestas, ni sé más que los demás. Tengo exactamente los mismos problemas que el resto de personas. Pero los psicólogos tenemos herramientas que ayudan en el proceso de cambio de las personas, les ayudan a conseguir sus objetivos y lograr el bienestar emocional. Y mis pacientes me aportan y enseñan muchísimo. Tengo la oportunidad de conocer a muchas personas de una manera cercana, y de vivir muchas vidas a través de las vidas de mis pacientes.

Mi trabajo me gusta, me llena y me da muchas satisfacciones.
Tengo el trabajo que quiero tener, y es mucho más que un trabajo.

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