CLAVES PARA UN APEGO SEGURO

¿Qué es el apego?

El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores principales.

Es el primer lazo afectivo del bebé con otro ser humano y supone una necesidad evolutiva esencial para la supervivencia. La seguridad y bienestar del bebé dependen en gran medida de este apego.

El llanto ante la separación y la soledad, la necesidad continua de contacto, la demanda de atención constante, la búsqueda frecuente de alimento… son respuestas innatas del recién nacido para asegurarse la permanencia en este mundo.

¿Cómo nace el apego entre el niño y sus padres?

Durante los tres primeros años de vida el apego se va gestando de manera natural en todos los niños. El desarrollo del mismo, dependerá de la manera de responder del cuidador principal a las necesidades y demandas que manifieste el niño durante este periodo. En este sentido, hablamos de necesidades y demandas tanto a nivel afectivo (consuelo, seguridad, amor, calor humano…), como a nivel físico (protección, alimento, higiene,…).

¿Cómo se establece un apego seguro o un apego inseguro?

El apego seguro se desarrolla cuando los padres cubren las necesidades del niño: le dan alimento, le proporcionan seguridad, calma, cariño, consuelo… y lo hacen de manera estable, predecible y consistente. Los niños con apego seguro se muestran seguros y tranquilos, confiados de que sus padres serán sensibles a sus necesidades y estarán allí para cubrirlas.

Sin embargo, el apego inseguro, surge cuando el niño percibe que sus cuidadores principales no son sensibles a sus necesidades o bien son inconsistentes en el manejo de las mismas. Así, cuando se desarrolla un apego inseguro éste puede ser:

  • Ambivalente: 

Se origina cuando los padres son inestables a la hora de educar y criar al niño, respondiendo a sus necesidades en ocasiones con comprensión y afecto, y en otras con indiferencia o rechazo. El niño se siente temeroso y dubitativo, puesto que no tiene claro si sus padres estarán allí para proporcionarle lo que necesita en todo momento, generándole una alta incertidumbre.

  • Evitativo: 

El apego evitativo surge cuando los padres no cubren las necesidades afectivas del niño o son insensibles a las mismas. El niño aprende a no confiar en sus padres y, por tanto, adopta una postura de autosuficiencia en la que aprende a no buscar consuelo o cercanía ante sus problemas o necesidades.

¿Por qué es importante el apego?

El apego tiene sus efectos más allá de la etapa infantil, puesto que no solo define la relación con los padres o cuidadores, sino que además deja una huella imborrable que define la manera de relacionarnos con otras personas en la etapa adulta.

Los adultos que han sido criados con un apego seguro son personas con una adecuada seguridad en sí mismos, tolerantes, comprensibles y se muestran cómodos ante las experiencias de acercamiento y alejamiento con otras personas (familia, amistades, pareja…). Son personas seguras y sus relaciones son más sanas y saludables.

Sin embargo, los adultos que han desarrollado un apego inseguro, tienden a experimentar un nivel de ansiedad mayor en las relaciones personales, se muestran necesitados de afecto y cercanía, demostrando una baja tolerancia a la separación (apego ambivalente), o por el contrario se muestran incómodos ante la proximidad afectiva (apego evitativo).

¿Cómo lograr un apego seguro?

Las acciones encaminadas a crear un apego seguro deben presentarse desde el nacimiento, puesto que los tres primeros años de vida resultan decisivos para el desarrollo de un tipo de apego u otro.

Algunas de ellas son:

  • Ofrecer consuelo y amor al niño, siempre. Las necesidades de afecto que muestra un bebé son tan importantes como sus necesidades físicas. Es importante, no dejar llorar al niño, ofrecer consuelo, proporcionar muestras de afecto, atender al niño…
  • Validar sus emociones, aceptando y respetando sus sentimientos. En ocasiones, los adultos restamos importancia a los problemas de los niños pequeños y tendemos a ignorar sus emociones. Resulta esencial aprender a atender a las mismas y darle la misma importancia que le daríamos si se tratase de un adulto. Por lo que se debe evitar el uso de frases como “no pasa nada”, “no llores”, “estás triste por una tontería…”, etc. Algunas frases de las que podemos valernos en cambio son las siguientes: “entiendo que te sientas así”, “comprendo tu malestar”, etc., y proporcionar un espacio en el que el niño se sienta libre para expresar sus sentimientos.
  • Mostrar sensibilidad y comprensión ante el malestar del niño.
  • Ayudar a regular las emociones, proporcionando seguridad y confort. Los bebés y niños pequeños no son capaces de calmarse solos y necesitan la ayuda de los adultos para ello. Es adecuando enseñarles a gestionar las emociones enseñándole trucos para relajarse, controlar el enfado, etc.
  • Mostrar aceptación incondicional. El amor de un padre y de una madre debe ser incondicional y así se le debe reflejar al niño. Por lo que, resulta aconsejable evitar frases del tipo “si te portas mal, mamá/papá ya no te querrán”. Lo más adecuado es expresar el disgusto por la conducta mostrada, sin mostrar rechazo hacia el niño.
  • Favorecer el contacto piel con piel. Existe una necesidad primitiva de contacto que está al mismo nivel que la necesidad de comer. El contacto, además, reporta grandes beneficios para el niño: promueve el desarrollo intelectual, reduce los niveles de ansiedad, proporciona calma y sosiego y crea vínculos afectivos positivos.
  • Ser constantes. El apego se establece por un patrón de comportamiento estable y recurrente. Se debe actuar siempre bajo los mismos parámetros.
  • Marcar normas y límites claros. El desarrollo de un apego seguro no significa ser laxos y permisivos con las conductas inapropiadas del niño. Se trata de apoyar y mostrarle seguridad al pequeño desde su nacimiento, pero educándolo en unas normas y valores. Los límites tienen que estar bien establecidos, ya que proporcionan estabilidad, permiten al niño predecir las cosas y le aportan seguridad y contención. 

Andreína Pereda
Psicóloga Col. Núm. 12662

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